Me despedí de Sebastián. Al igual que mi amigo, se ha ido
a Veracruz para una serie de conciertos y su agenda se encuentra demasiado ocupada
como para que yo entre en ella. No soy buena esforzándome en relaciones, y
menos si son a larga distancia. Me
aburren.
El lindo chelista apareció en mi vida durante un momento en
el que tenía la guardia baja y pudo avanzar en el juego sin complicaciones. No
volverá a pasar. Sé que comenzabas a sentir el fastidio de esa relación, y
ahora que se ha marchado, podemos volver a la normalidad. No debo olvidar las
reglas. Las reglas son sencillas y existen para que nadie salga herido: solo se
admiten personajes interesantes y pierde el primero que se enamore.
Para el fin de semana, ya me sentía mejor. Había
recuperado el control y mientras hacía un arreglo floral, pensaba
profundamente en lo que haría para una tarea; sin darme cuenta, entró un
cliente que me sorprendió al sacarme de mi trance. Él sonrío al percatarse de
lo distraída que estaba y me disculpé ofreciéndole mis servicios.
— Dos docenas de rosa roja, por favor
Me puse a trabajar enseguida mientras mi madre comenzaba
una conversación con el hombre. Ese cliente viene cada 15 días y lleva siempre
lo mismo; aunque en esta ocasión no llevaba orientales, sino rosa. Pensé que
probablemente se había conseguido una novia y sonreí al recordar todas las
historias que pasan por este lugar. Observé a un chico cerca de la entrada. Le pregunté
sí se le ofrecía algo a lo que negó un poco incomodo. Un instante después supe
que era el primo del cliente. Estaba emberrinchado porque no quería ir a una
florería: le parecía vergonzoso.
Mis hermanas llegaron unos minutos más tarde después de
hacer una entrega, y comenzaron con el alboroto. Ellas son muy alegres y parece
que eso les agrada a los clientes. Hace más amena la espera. Me descubrí
observando al muchacho. Me parecía familiar y creo que pudo notarlo. Él pareció
recordar algo.
—Tú eres Gaby, ¿cierto?
Resulta que ese muchacho es Carlos. Fue mi compañero de
clase durante el primer año de preparatoria. ¡Que divertida es la casualidad!
Él estudia en la misma universidad que yo, aunque en una ingeniería. Facilmente me dio su número y nos vimos para comer un par de veces durante la semana. Es
muy agradable e ingenioso, y me acompaña gran parte del tiempo que tengo libre mientras
espero mis clases de la tarde. Él toca el bajo en una banda con sus amigos (me
he enterado de eso ayer). Esto se está volviendo divertido, y una vez más
pienso que no tengo nada que perder.
Hoy, Carlos me ha dado una flor de papel. Le he sonreído
mientras comenzabas el juego.
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