domingo, 3 de marzo de 2013

Tapping


Me despedí de Sebastián. Al igual que mi amigo, se ha ido a Veracruz para una serie de conciertos y su agenda se encuentra demasiado ocupada como para que yo entre en ella. No soy buena esforzándome en relaciones, y menos si son a larga distancia. Me aburren.

El lindo chelista apareció en mi vida durante un momento en el que tenía la guardia baja y pudo avanzar en el juego sin complicaciones. No volverá a pasar. Sé que comenzabas a sentir el fastidio de esa relación, y ahora que se ha marchado, podemos volver a la normalidad. No debo olvidar las reglas. Las reglas son sencillas y existen para que nadie salga herido: solo se admiten personajes interesantes y pierde el primero que se enamore.

Para el fin de semana, ya me sentía mejor. Había recuperado el control y mientras hacía un arreglo floral, pensaba profundamente en lo que haría para una tarea; sin darme cuenta, entró un cliente que me sorprendió al sacarme de mi trance. Él sonrío al percatarse de lo distraída que estaba y me disculpé ofreciéndole mis servicios.

— Dos docenas de rosa roja, por favor

Me puse a trabajar enseguida mientras mi madre comenzaba una conversación con el hombre. Ese cliente viene cada 15 días y lleva siempre lo mismo; aunque en esta ocasión no llevaba orientales, sino rosa. Pensé que probablemente se había conseguido una novia y sonreí al recordar todas las historias que pasan por este lugar. Observé a un chico cerca de la entrada. Le pregunté sí se le ofrecía algo a lo que negó un poco incomodo. Un instante después supe que era el primo del cliente. Estaba emberrinchado porque no quería ir a una florería: le parecía vergonzoso.

Mis hermanas llegaron unos minutos más tarde después de hacer una entrega, y comenzaron con el alboroto. Ellas son muy alegres y parece que eso les agrada a los clientes. Hace más amena la espera. Me descubrí observando al muchacho. Me parecía familiar y creo que pudo notarlo. Él pareció recordar algo.

—Tú eres Gaby, ¿cierto?

Resulta que ese muchacho es Carlos. Fue mi compañero de clase durante el primer año de preparatoria. ¡Que divertida es la casualidad! Él estudia en la misma universidad que yo, aunque en una ingeniería. Facilmente me dio su número y nos vimos para comer un par de veces durante la semana. Es muy agradable e ingenioso, y me acompaña gran parte del tiempo  que tengo libre mientras espero mis clases de la tarde. Él toca el bajo en una banda con sus amigos (me he enterado de eso ayer). Esto se está volviendo divertido, y una vez más pienso que no tengo nada que perder.

Hoy, Carlos me ha dado una flor de papel. Le he sonreído mientras comenzabas el juego.

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