lunes, 25 de marzo de 2013

Presto

Sé que estás molesta porque Javier no pudo acompañarnos por las refacciones para el violín y porque Ángel tomó su lugar. Íbamos a comprarlas, pero en un arrebato terminamos visitando museos en Coyoacán. Debes admitir que pensamos que sería insoportable. Nos equivocamos


No había interés de por medio, así que todo el día se nos fue en pasear juntos y hablar mucho. Es extraño que después de un par de horas, si las cosas van por buen rumbo, uno termina sacando los trapitos al sol con la persona más inesperada. Descubrí que Ángel no estaba del todo enterado de mis juegos de cazatalentos y eso me encantó.

Salimos un par de veces más utilizando pretextos absurdos. Era relajante estar con alguien que no temía decirme las cosas y que no buscaba agradarme. En cambio, mis citas habituales comenzaban a resentirse y buscar mi atención con mimos y obsequios. Qué reacción tan interesante.

Durante mi día libre, después de ver a Fernando, me encontré con Ángel. Iríamos al cine y yo llegué tarde. No acostumbro llegar tarde..., pero con Ángel siempre pasa. Él tenía cara de pocos amigos y yo llegué disculpándome a más no poder. La culpa me volvió tímida y él se burló de mi reacción. Comienzo a detestarlo.

Me pareció que era demasiado audaz en sus comentarios y pensé que sería una buena idea darle un susto. De vuelta a casa, me acerqué haciendo la finta de robarle un beso y él sonrió creyendo que no sería capaz de tocarlo a tan corta distancia. ¡Qué ingenuo!  Lo besé y con ello él borró esa estúpida sonrisa y adquirió una expresión que carecía de todo color. Creo que estaba en shock y esta vez me tocó reír mientras él apartaba la mirada totalmente avergonzado y molesto.

Llevé el violín a que lo repararan y Ángel se ofreció a acompañarme. ¿Qué, te molesta que no te incluya? Eres mi lado sin prejuicios e hiciste que todo fuera divertido, aunque debo decirte que para relacionarte con otros eres un desastre. Nuestra aventura me ha enseñado mucho, pero creo que debo de recuperar el control. Debí entenderlo el día en que Fernando nos sugirió ser su amante. No sabíamos que estaba casado. Es suficiente para mí. Perdí el juego.

Mi amigo vino de visita durante el fin de semana y yo me puse muy contenta cuando nos encontramos en la plaza de siempre. Le conté sobre los líos que tuve que pasar para poder reparar mi violín, y tocó una pieza en mi ‘pequeño’ después de afinarlo. Me ha preguntado por el muchacho del que no paré de hablar. No pude evitar sonreír pidiéndole que guardara el secreto. 
Ángel había pasado a recogerme. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario