Aún recuerdo cuando aclaramos que si no aprendía a decir
lo que sentía, llegaría el momento en que me arrepentiría de ello.
Tuve el fin de semana libre y había planeado disfrutarlo de
la mejor manera posible: quedándome a dormir hasta tarde. Por costumbre, al
amanecer, desperté preguntándome qué hora sería, pero pronto lo olvidé mientras
volvía a dormirme. Repentinamente, el llamado insistente de mi celular arruinó mi sueño y no
pude evitar contestar con un gruñido molesto. ¡Oh sorpresa! La voz que reconocí
me provocó levantarme de un salto, era él.
Quedamos de vernos para desayunar en una plaza cercana. Él
quería verme enseguida y yo acepté sin dudarlo. Sabes que él me encanta, es
nuestro secreto. En cuanto lo vi, no pude evitar correr a su encuentro y
dejarme mimar. Él había vuelto un día antes a la ciudad y yo era la primera
persona que veía. Eso me hacía muy feliz.
Nunca lo olvidaré, él se veía radiante de felicidad. Hace
algunos meses había conseguido unirse a una pequeña orquesta que en dos días
tendría una presentación en la ciudad e… iba a casarse. Mi mejor amigo planeaba casarse
pronto y por primera vez en mi vida sentí los celos provocados por la
desilusión. Le pregunté por ella tratando de conservar la sonrisa en mis labios,
y mientras le escuchaba estuve a punto de protestar, pero el brillo en su
mirada me hizo callar.
No
tengo motivo para reclamarle. No le he visto en los últimos dos años, pensé
yo. Diversas circunstancias nos tuvieron distantes mucho tiempo y cada quién había
hecho su vida. Era frustrante.
Conforme avanzó la tarde, me habló más de su prometida. Visitamos
la tienda de mascotas, de videojuegos, de libros, de ropa e hizo que me
probaran el anillo de compromiso que le daría a ella, buscábamos el más
adecuado. Con un vacío en el estómago, decidí que si él era feliz yo lo
apoyaría; mientras mirábamos más anillos, mi corazón se resignaba.
Por eso he querido escribirte, sé que eso ayudará a
aliviar mi pena. Esta noche iré al concierto. Ya me he puesto el vestido color
ciruela que te gusta. También, me descubrí mirado con tristeza mi violín; recordé
las lecciones que mi amigo me daba y que terminamos abandonando por falta de
tiempo. Algún día lo retomaré, es un gusto que me ha legado y que no planeo olvidar.
Él me ha dicho que después del concierto habrá una
reunión en casa de una de sus amigas. Puede que no te agrade la idea de que
vaya, pero te convenceré de que todo está bien. No te preocupes.
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